Nuevamente las dos colegas rieron y bromearon un rato… resultaba refrescante verlas en un estado de ánimo tan entusiasta, sobre todo en medio de una situación que apenas unos meses antes había puesto a la empresa contra las cuerdas…
Eugenia no era del tipo de personas que se quejan… al menos no del tipo de personas que expresan sus quejas. Por eso no estaba acostumbrada a gestionar estos pensamientos rumiantes que la asaltaban a toda hora del día.
Para dar una negativa y que esta sea tomada como definitiva, se necesita tomar decisiones y ser consciente de ellas; tener argumentos y aportar soluciones efectivas.